¿Por qué me cuesta poner límites? (Y por qué no se trata solo de aprender a decir "no")
¿Sentís que decís que sí cuando en realidad querías decir que no? ¿Que priorizás a los demás incluso cuando vos ya no das más?
No estás sola.
Muchas mujeres saben exactamente qué necesitan.
Necesitan descansar.
Necesitan pedir ayuda.
Necesitan decir que no.
Necesitan poner un límite.
Y, sin embargo, no pueden hacerlo.
No porque no sepan qué quieren.
Sino porque poner un límite puede sentirse mucho más difícil de lo que parece desde afuera.
Poner un límite no siempre trae alivio
Solemos imaginar que, una vez que logremos decir que no, nos vamos a sentir inmediatamente mejor.
Pero muchas veces pasa lo contrario.
Después de poner un límite puede aparecer culpa.
Después de expresar una necesidad puede aparecer miedo.
Después de priorizarnos podemos sentir que estamos siendo egoístas.
Y eso hace que muchas mujeres vuelvan atrás, aunque sepan que ese límite era necesario.
Cuando aprendimos que cuidar a los demás era más importante
Muchas crecimos creyendo que ser una buena persona significaba estar siempre disponibles.
No generar problemas.
No decepcionar.
No hacer sentir mal a nadie.
Con el tiempo, empezamos a medir nuestro valor por cuánto hacíamos por los demás.
Y, casi sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos qué necesitábamos nosotras.
El verdadero miedo
Cuando una mujer dice:
"Me cuesta poner límites."
Muchas veces, en realidad, está diciendo otra cosa.
"Tengo miedo de que, si dejo de estar para todos, dejen de quererme."
"Tengo miedo de que se enojen conmigo."
"Tengo miedo de decepcionar."
Por eso aprender frases para decir "no" rara vez alcanza.
Porque el problema no es encontrar las palabras.
Es sostener lo que sentimos después de decirlas.
Poner límites también es una forma de cuidar los vínculos
Durante mucho tiempo pensamos que poner límites alejaba a las personas.
Pero muchas veces ocurre exactamente lo contrario.
Los vínculos más sanos no son aquellos donde una persona sostiene todo.
Son aquellos donde ambas personas pueden expresar lo que necesitan.
Poner un límite no significa dejar de querer.
Significa dejar de abandonar tus propias necesidades para cuidar las de los demás.
No se trata de volverte más dura
A veces escuchamos que hay que "aprender a poner límites" como si eso implicara endurecernos.
Yo no lo creo.
No creo que el objetivo sea levantar paredes.
Creo que el objetivo es dejar de vivir sintiendo que siempre tenés que poder con todo, resolver todo y estar para todos.
Porque cuando vivís así, tarde o temprano, alguien queda afuera.
Y muy seguido, esa persona sos vos.
Un espacio para empezar a escucharte
Si hace tiempo sentís que decís que sí cuando querés decir que no...
Si terminás agotada por cuidar a todos menos a vos...
Si te cuesta pedir ayuda o expresar lo que necesitás...
Quizás no necesites volverte más fuerte.
Quizás necesites un espacio para pensar en voz alta, entender por qué poner un límite se siente tan difícil y empezar, de a poco, a construir una forma distinta de vincularte con vos misma y con los demás.
¿Te sentís identificada?
Las sesiones de coaching son un espacio para pensar en voz alta, ordenar lo que estás viviendo, recuperar claridad y volver a confiar en vos.
Si sentís que hace tiempo venís sosteniendo demasiado, podés conocer más sobre las sesiones o reservar una primera sesión.