Cecilia Guarna Cecilia Guarna

¿Por qué me cuesta poner límites? (Y por qué no se trata solo de aprender a decir "no")

por que me cuesta tanto poner limites?

¿Sentís que decís que sí cuando en realidad querías decir que no? ¿Que priorizás a los demás incluso cuando vos ya no das más?

No estás sola.

Muchas mujeres saben exactamente qué necesitan.

Necesitan descansar.

Necesitan pedir ayuda.

Necesitan decir que no.

Necesitan poner un límite.

Y, sin embargo, no pueden hacerlo.

No porque no sepan qué quieren.

Sino porque poner un límite puede sentirse mucho más difícil de lo que parece desde afuera.

Poner un límite no siempre trae alivio

Solemos imaginar que, una vez que logremos decir que no, nos vamos a sentir inmediatamente mejor.

Pero muchas veces pasa lo contrario.

Después de poner un límite puede aparecer culpa.

Después de expresar una necesidad puede aparecer miedo.

Después de priorizarnos podemos sentir que estamos siendo egoístas.

Y eso hace que muchas mujeres vuelvan atrás, aunque sepan que ese límite era necesario.

Cuando aprendimos que cuidar a los demás era más importante

Muchas crecimos creyendo que ser una buena persona significaba estar siempre disponibles.

No generar problemas.

No decepcionar.

No hacer sentir mal a nadie.

Con el tiempo, empezamos a medir nuestro valor por cuánto hacíamos por los demás.

Y, casi sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos qué necesitábamos nosotras.

El verdadero miedo

Cuando una mujer dice:

"Me cuesta poner límites."

Muchas veces, en realidad, está diciendo otra cosa.

"Tengo miedo de que, si dejo de estar para todos, dejen de quererme."

"Tengo miedo de que se enojen conmigo."

"Tengo miedo de decepcionar."

Por eso aprender frases para decir "no" rara vez alcanza.

Porque el problema no es encontrar las palabras.

Es sostener lo que sentimos después de decirlas.

Poner límites también es una forma de cuidar los vínculos

Durante mucho tiempo pensamos que poner límites alejaba a las personas.

Pero muchas veces ocurre exactamente lo contrario.

Los vínculos más sanos no son aquellos donde una persona sostiene todo.

Son aquellos donde ambas personas pueden expresar lo que necesitan.

Poner un límite no significa dejar de querer.

Significa dejar de abandonar tus propias necesidades para cuidar las de los demás.

No se trata de volverte más dura

A veces escuchamos que hay que "aprender a poner límites" como si eso implicara endurecernos.

Yo no lo creo.

No creo que el objetivo sea levantar paredes.

Creo que el objetivo es dejar de vivir sintiendo que siempre tenés que poder con todo, resolver todo y estar para todos.

Porque cuando vivís así, tarde o temprano, alguien queda afuera.

Y muy seguido, esa persona sos vos.

Un espacio para empezar a escucharte

Si hace tiempo sentís que decís que sí cuando querés decir que no...

Si terminás agotada por cuidar a todos menos a vos...

Si te cuesta pedir ayuda o expresar lo que necesitás...

Quizás no necesites volverte más fuerte.

Quizás necesites un espacio para pensar en voz alta, entender por qué poner un límite se siente tan difícil y empezar, de a poco, a construir una forma distinta de vincularte con vos misma y con los demás.

¿Te sentís identificada?

Las sesiones de coaching son un espacio para pensar en voz alta, ordenar lo que estás viviendo, recuperar claridad y volver a confiar en vos.

Si sentís que hace tiempo venís sosteniendo demasiado, podés conocer más sobre las sesiones o reservar una primera sesión.

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Cecilia Guarna Cecilia Guarna

¿Por qué me cuesta tanto tomar una decisión? (Y por qué no siempre es falta de confianza)

Coaching Para Mujeres

¿Sentís que pensás demasiado antes de tomar una decisión? ¿Que das vueltas una y otra vez, buscando la respuesta correcta, pero cuanto más pensás, más confundida te sentís?

No estás sola.

Muchas mujeres llegan a una sesión diciendo: "No sé qué hacer." Pero, con el tiempo, descubren que el problema no siempre es la decisión en sí. Muchas veces, lo que realmente pesa es el miedo a equivocarse, a decepcionar a otros o a tener que afrontar las consecuencias de elegir.

El problema no siempre es la decisión

Hay decisiones que, aunque sepamos que son importantes, pueden dejarnos completamente paralizadas.

  • Cambiar de trabajo.

  • Terminar una relación.

  • Mudarte.

  • Poner un límite.

  • Decir que no.

  • Pedir ayuda.

Algunas transforman por completo nuestro día a día. Otras parecen más pequeñas desde afuera, pero por dentro pueden sentirse igual de difíciles.

No porque no sepas qué querés.

Sino porque, muchas veces, no estás decidiendo solamente entre dos opciones.

Estás intentando protegerte del miedo a equivocarte.

Cuando aprendimos que equivocarnos era peligroso

Quizás creciste sintiendo que tenías que hacer todo bien.

Ser responsable.

No molestar.

No decepcionar.

No generar conflictos.

Entonces, sin darte cuenta, cada decisión empezó a sentirse como un examen. Como si hubiera una respuesta perfecta y cualquier otro camino fuera un fracaso.

Pero la vida rara vez funciona así.

La mayoría de las decisiones importantes no tienen una única respuesta correcta. Solo tienen un camino que, en este momento de tu vida, se siente más alineado con quién sos y con lo que necesitás.

Pensar demasiado también agota

Muchas personas creen que analizar todo las convierte en personas más responsables.

Y a veces es cierto.

Pero otras veces, pensar demasiado termina alejándote de vos misma.

Revisás una y otra vez los escenarios posibles.

Intentás anticipar cada consecuencia.

Buscás una certeza que nunca termina de llegar.

Mientras tanto, la vida queda en pausa.

La claridad no siempre aparece antes

Hay una idea que me gusta mucho:

La claridad no siempre llega antes de actuar. Muchas veces aparece después.

Después de tener esa conversación incómoda.

Después de poner un límite.

Después de decir que sí.

O después de decir que no.

Esperar a sentirte cien por ciento segura puede hacer que postergues decisiones durante meses o incluso años.

¿Y si no necesitás otro consejo?

Vivimos rodeadas de opiniones.

Todo el mundo parece tener una respuesta sobre lo que deberíamos hacer.

Pero escuchar más voces no siempre trae más claridad.

A veces hace exactamente lo contrario.

Mi trabajo no es decirte qué decisión tomar.

Es ayudarte a escuchar tu propia voz cuando quedó tapada por el miedo, la culpa, las expectativas o el agotamiento.

Porque muchas veces la respuesta ya está.

Solo necesita un poco de espacio para aparecer.

Un espacio para pensar acompañada

No necesitás tener todo resuelto antes de empezar.

A veces, una sola conversación alcanza para ordenar ideas, recuperar perspectiva o animarte a dar ese primer paso.

Y si después sentís que este espacio puede seguir acompañándote, siempre podemos continuar juntas.

¿Te sentís identificada?

Si hace tiempo das vueltas alrededor de una misma decisión, quizás no necesites seguir pensándola sola.

Podés conocer más sobre mis sesiones de coaching o reservar una primera sesión cuando sientas que es el momento.

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