Cuando todo se siente demasiado grande.

Hay momentos en los que sabés que algo tiene que cambiar.

Quizás no sabés exactamente qué. O sí lo sabés, pero no tenés idea de cómo hacerlo.

Un trabajo que ya no querés. Una relación que no se siente bien. Una decisión que venís postergando. Las ganas de empezar algo nuevo, irte, quedarte, poner un límite, cambiar de rumbo.

Y enseguida aparece todo lo demás.

¿Qué hago primero? ¿Y si me equivoco? ¿Cómo voy a sostenerlo? ¿Qué pasa con la plata? ¿Qué van a pensar los demás? ¿Y si después me arrepiento?

De pronto, algo que quizás empezó como una intuición bastante simple se convierte en una montaña.

Y cuando la montaña se ve enorme, quedarse donde una está puede parecer mucho más fácil.

No necesitás resolver tu vida entera hoy

Muchas veces no es que no sepamos qué queremos. Es que entre lo que queremos y donde estamos hoy aparecen tantas cosas que dejamos de verlo con claridad.

Miedos. Responsabilidades. Opiniones ajenas. Culpa. Preguntas prácticas. Escenarios que todavía ni siquiera sucedieron.

Todo mezclado y al mismo tiempo.

Por eso, antes de encontrar una gran respuesta, puede ser mucho más útil empezar a separar.

¿Qué está pasando realmente?
¿Qué es urgente y qué puede esperar?
¿Qué depende de vos y qué no?
¿Qué necesitás saber ahora y qué podés resolver más adelante?
¿Cuál sería el próximo paso, no los próximos veinte?

Porque casi ningún cambio importante sucede de una sola vez.

Hacerlo más chico no significa querer menos

A veces pensamos que para cambiar algo necesitamos sentirnos seguras, tener un plan perfecto o saber exactamente adónde vamos.

Pero muchas veces la claridad aparece mientras avanzamos.

Una conversación. Un mail. Averiguar algo. Poner un límite. Hacer una llamada. Probar una opción. Decir en voz alta algo que hasta ahora solamente venías pensando.

Un paso lo suficientemente chico como para poder darlo.

Después otro.

Y algo empieza a cambiar.

No necesariamente porque desaparezca el miedo, sino porque empezás a comprobar que podés hacer cosas aun cuando todavía haya dudas.

Ahí aparecen recursos que quizás no sabías que tenías. Información nueva. Alternativas. Confianza. Y también esos primeros pequeños logros que hacen que lo que antes parecía lejísimo empiece a sentirse un poco más posible.

De eso también se trata este espacio

En mis sesiones no intento decirte qué deberías hacer ni darte una respuesta para tu vida.

Trabajamos juntas para ordenar lo que hoy se siente enorme.

Bajamos las cosas a tierra. Separamos el ruido de lo importante. Miramos qué querés vos, qué está en tus manos y qué necesitás para empezar a moverte en esa dirección.

No hace falta llegar con todo claro.

A veces alcanza con saber que ya no querés seguir exactamente donde estás.

El resto podemos empezar a construirlo desde ahí.

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¿Y yo qué quiero?